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Nació con los ojos rasgados y la cara hinchada. Parecía una extraña mezcla de chino malo con luchador de sumo herido.
Sobre la incubadora alguien había dejado una estampita y un Rosario, yo dejé el babero con el escudo de Ñubel, con la certeza de que jamás llegaría a usarlo.
Una red de sondas, cables y agujas lo mantienen conectado a la vida, casi en el infierno. Sin embargo el pibe lucha. Se prende a la teta de la madre… come y lucha.
Lucha y vive.
Meses después, un par de encías inflamadas a punto de parir su primer diente lo condenan al insomnio. La boca se le llena de saliva que le secan con el babero aquel del escudo. Entonces lo alzo y le canto – Que de la mano, del loco Bielsa, todos la vuelta vamos a dar.
No se duerme pero sonríe.
Sonríe y lucha con el alambrado, los ojos líquidos, cae de rodillas sobre el césped, alza los brazos al cielo y canta – Dale campeoooón, dale campeooooón…
Lo miro correr, se abraza con el Tolo. El que se escapó de aquel infierno, hoy conquista este.
Minutos después damos la vuelta en el Obelisco con otros cuarenta mil leprosos, le guste a quien le guste, le pese a quien le pese. Conquistamos Buenos Aires, cerca de las siete de la tarde.
- No te olvides – me dice por teléfono – Cerca de las siete de la tarde en Moreno y Córdoba, vení esta lucha se gana en la calle.
Y allá va junto al grupo de pibes que luchan y cantan – Miren, miren que locura, miren, miren que emoción, este es el famoso Ñubel que en el dos mil ocho saca al dictador.
Y lo sacan.
Y abren las puertas, los sueños y otra vez sobre las ruinas luchan y cantan:
“Daaale Ñuls, daaaale ñubel.
Las cosas que yo hice por vos
no las hice por nadie,
te sigo siempre de pendejo
y no me importa nada
en las buenas y en las malas
yo te aliento hasta el final.
Daaaale Ñuls, daaaale Ñubel
Daaaale Ñuls, daaaale Ñubel.
Las cosas que yo hice por vos…
Entonces todos cantamos con ellos, luchamos y gozamos…
¡¡¡Gracias pibes!!!
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